sábado, 5 de abril de 2008

15.-Ecuador, un paseo por los Andes.

La llegada a estas tierras de los conquistadores Incas allá por el 1450 con nuevas políticas y fuertes liderazgos hizo que pronto se apoderaran de la zona. Pero poco les duró, pues en 1532 desembarcó Pizarro extendiendo el terror allá por donde pisara con una fuerte infraestructura militar. El líder Inca, Atahualpa, victima de una emboscada (fue engañado) fue apresado, juzgado y ejecutado y el imperio Inca fue completamente destruido, pero esto pertenece mas a la historia de Perú. El Reino de Quito resistió un poco mas, el general Rumiñahui mantuvo la lucha contra los españoles por 1 año y 5 meses después de la ejecución de Atahualpa (1533), pero finalmente prefirió arrasar con la población antes de dejar que cayera intacta en manos de los españoles.

De la época colonial ha quedado, entre otras cosas, ciudades muy bonitas como Quito y Cuenca. Ecuador fue gobernado desde Perú primero y posteriormente se transfirió al virreinato de Colombia. A medida que empezó a formarse la clase media criolla, empezaron a surgir los primeros intentos independentistas, siendo en 1830, con la aparición del liberador venezolano Simón Bolívar (en el que se quiere reencarnar Chávez), cuando la independencia se convirtió en un hecho. Para no perder la tónica de estas tierras, los últimos 100 años han estado marcados por sucesivos golpes de estado, gobiernos militares, conflictos fronterizos, corrupción,… En la última década se tomó la impopular medida de dolarizar la economía muy a pesar del pueblo.



Vuelven los viajes en ruteado por caminos de tierra que no sabes que te depararan. Vuelven los indígenas, sus artesanías, sus ropas, sus mercados, sus comidas,… Vuelven los autobuses llenos en los que cuando crees que ya no puede entrar más gente, se cuelan vendedores de jugos, refrescos, helados, tajaditas,… Vuelven los israelíes, que cuando se juntan mas de 2 se acaba la calma, el descanso y la educación (lo siento, lo tenia que decir).

Se fue el Caribe, se fue el calor, la música y una parte de la alegría.





Después de una entrada triunfal en taxi a Ecuador, sin fronteras, sin inmigración, sin sellados y después de que nuestra consciencia cívica nos aconsejara poner todo en orden (mas bien el interés de seguir viajando legalmente) hicimos noche en Tulcán, ciudad fronteriza de poco interés. A la mañana siguiente, coño! un español en el hotel, llevamos meses sin encontrarnos ninguno. Un catalán (son, junto con los vascos, la única representación por estas tierras que se atreven con viajes de mas de 15 días) que viajaba junto con un popurrí de lo mas variado, argentinos, chilenos, irlandeses,…, subían desde la Patagonia toda Suramérica con un presupuesto muy ajustado. Echamos una buena charla e intercambiamos consejos que mas tarde (Machu Picchu) se lo agradeceríamos mucho.

Un viaje en autobús, en el que Ana y yo partimos solos y según íbamos avanzando recogía gente hasta limites inesperados, nos llevo hasta Otavalo, ciudad interesante, con un popular mercado de artesanía y bonitos alrededores. Nuestra primera intención era hacer una parada técnica y avanzar rápidamente hacia Quito y hacia el Parque Nacional de Manzanilla (costa del Pacífico), pero el temporal que azotaba la costa, totalmente inundada, y los gratos consejos de un italiano y su mujer ecuatoriana, que regentaban el restaurante en el que desayunábamos, nos animó a reestructurar los planes y explorar mas detenidamente la belleza de estos valles andinos. Disfrutamos de paseos por el pueblo y alrededores y de la típica visita a una cascada situada a 20 minutos en la que después de 2 horas no conseguimos dar con ella, pero aun y todo el paisaje mereció mucho la pena.



Un viaje de los nuestros, de los que nos gustan, nos adentro hasta las piscinas termales de Nangulvi. Caminos de tierra (barro) por los que sabías por donde ibas pero no por donde continuarías, llenos de derrumbes, y en el que el factor tiempo es la variable por excelencia. Sorteamos algún derrumbe sin problemas y posteriormente nos encallamos, cosa fácil para estos conductores acostumbrados. Mas tarde, un derrumbe de árboles cortaba totalmente la pista, un vejete capataz, de los que iba sentado adelante, puso en marcha el operativo necesario para salvar el obstáculo a la voz de ya!. Yo, con el pecho por delante, no iba a ser menos frente a los veteranos lugareños, estaba el primero desforestando el camino cuando empiezo a apreciar que la cooperación y las fuerzas se iban diseminando, hasta que me quedo solo, panda de rajaos!!!, cuando se me acerca el vejete capataz y me comenta que los árboles que obstruyen el camino poseen una resina que provoca una urticaria terrible y me empieza a dar remedios chamanes. Pareciéndome un poco complicado lo que me contaba, me fui a un charco, me lavé como pude y hasta ahora, eso sí, la ropa que llevaba, a día de hoy aún posee las manchas de resina impregnada. Aquí no acabó todo, luego un autobús encallado cortaba el paso y hubo que esperar a que lo sacara un tractor, pero esta vez me quede sentadito en mi sitio jugando a las cartas con Anita.



Pese al viaje, mereció mucho la pena, disfrutamos en exclusividad de las piscinas termales (aunque las esperábamos mas rústicas) y de un precioso hospedaje a orillas de un río a pie de las montañas. Bonito paisaje en el que un río con una impresionante fuerza le daba vida a todo, al que lo cruzaban endebles puentes colgantes de madera solo aptos para valientes o inconscientes. Un chaval nos contó como por la mañana había subido con los perros a la montaña a cazar armadillos y que a la vuelta uno de ellos cayó del puente (cosa muy normal por el estado y la corriente) y como ahora tenía un perro menos, como la cosa mas normal del mundo.

Como no mejoró el tiempo, ni que decir tiene que el viaje de vuelta lo realizamos por otro camino, puesto que el de ida estaba totalmente impracticable. Llegamos a Otavalo, llegamos al asfalto, y allí tras un tentempié nos subimos a otro autobús que nos llevara hasta Quito. Coño!!! Cruzamos el ecuador!, se volverán locos los relojes?, Se parara el autobús?, Que pasara con la aceleración de Coriolis?, Ya nunca mas, a este lado del hemisferio, tirar de la cadena después de una meada volverá a ser lo mismo? (lo siento mama si no lo entiendes, pero esto pasa por haberme pagado una carrera).

Nos hospedamos céntricamente es Quito, la verdad es que Quito es una ciudad muy bonita que nos dio mucho juego. El centro de la ciudad es precioso, muy buenas edificaciones coloniales, bonitas iglesias y plazas, muy agradable, con buena presencia y buenos servicios, en definitiva, se estaba muy cómodo. Los domingos hacen el centro peatonal, las calles se llenan de gente y bicicletas y hay actuaciones y conciertos en todas las plazas. La parte mas moderna de la ciudad, el Mariscal, tiene todos los servicios y agencias, esta lleno de ambiente, una especie de mezcla de ecuatorianos, universitarios y turistas muy agradable. La ciudad nos gustó mucho, comimos bien, desayunamos jugos, paseamos por todas las callejuelas del centro colonial, visitamos museos,… Nos resultó curioso que siendo Ecuador uno de los pueblos latinoamericanos de mayor población inmigrante en España, sus comercios y restaurantes estaban llenos de carteles demandando personal (cosa que hemos visto en varios países), ahora bien, no tenemos ni idea de los que les ofrecerían a cambio (pero es fácil intuir lo que les pagan en España).

Curioso fue que visitando el Panecillo (la típica colina que es mirador de la ciudad y en la que hay un angelito puesto) le pedimos a un hombre que nos echara una foto y no nos preguntéis como, pero a partir de ese momento tuvimos una especie de día dominguero en “familia”. Nos fuimos con el hombre, su mujer, su hijo y un amigo brasileño (Estiben, Mónica, Adrián y Dani) a visitar Mitad del Mundo. Una especie de parque temático en plena línea del ecuador. No nos decepcionó mucho, porque no esperábamos nada de él, con las atracciones típicas de poco interés y alguna sala de exposiciones, únicamente mencionar una dedicada a Guayasamín, que nos gustó y mereció la pena. Pero en verdad disfrutamos de un día grato en “familia” (que se aprecia cuando se está tanto tiempo fuera de casa) y de conversaciones interesantes y agradables, buena gente. Como anécdota, ese día lo acabamos en el aeropuerto, pues Dani, el brasileño, había perdido las maletas, que raro!.

Un autobús nos llevo a Riobamba con intención de dedicar unos días a explorar sus alrededores. Riobamba resultó ser una ciudad agradable que nos recordaba a cualquier pueblo grande de hace 20 años en España, sus comercios, su actividad, su gente,…Es mas, en la noche, cuando todos los gatos son pardos, parecía una regresión al pasado, pues se oía Duncan Dhu, Hombres G, Ilegales (soy un macarra, buenísima!) y en las calles paseaban SEAT 1430, 850 cupe,… Allí fui tío por segunda vez, Ester, toda una campeona!!!


Teníamos pensado coger un tren turístico a “Nariz del Diablo”, pero en esos días no partía desde Riobamba y había que desplazarse a otro pueblo para hacerlo a la inversa. Así que pasamos al “plan B”, ir a Baños. Hace unas semanas lo teníamos descartado por la actividad del volcán de la zona, pero ahora las cosas habían cambiado. Cogimos un autobús, que tras un rodeo, pues la carretera directa estaba en mal estado (por el volcán) nos llevó a Baños.



Baños es un pueblo turístico que posee varias piscinas termales y un precioso valle por el que descargan 7 cascadas impresionantes. Es el típico pueblo que cada cierto tiempo sale en TV pues toca abandonarlo porque el volcán en activo se pone caprichoso. Así que ya sabíamos que teníamos que hacer, visitar el pueblo, las termales y a por el valle con sus cascadas. Primero visitamos el pueblo y en la noche fuimos a unas termales a pie de la montaña, de la que caía una cascada, aunque había mucha gente (lugareños) resultó una sensación agradable. A la salida, baldados, pues es así como te deja el cuerpo las termales (te sientes 10 veces mas pesado), fuimos a tomar la cerveza de turno a un ultramarinos. La paisana (dueña) nos contó toda su vida, entre
otras cosas como se fue a hacer las americas mientras su marido se la pegaba y se beneficiaba de sus ahorros (2 años trabajando intensamente de lunes a domingo, en varios curros), y como la última vez que hubo que evacuar el pueblo ella se quedó encomendada a Dios y una roca enorme tiró la casa de al lado.

Al día siguiente yo estaba como un niño con zapatos nuevos, alquilamos una Honda XR 250 (un juguete, que me perdonen mi infidelidad las Yamahas, pero no había otra cosa), que mono de moto!. Recorrimos todas las pistas que encontramos, Ana demostró de que saga viene, pues es una fuera pistas al mas estilo “cohetero”. La verdad que en plenos Andes el valle era precioso, las cascadas impresionantes, y en especial el “Pailón del Diablo”, la que no me cansaba de mirar por su belleza y lo impresionante de las fuerza del agua.


Cogimos un autobús que nos llevó a Ambatos y allí otro informal nos llevaría hasta Cuenca. El viaje fue eterno, las carreteras increíbles, típicas de cualquier presentación de Power Point, carreteras de tierra y barro a través de los Andes, a veces sobre un mar de nubes y otras en valles inmensos con precipicios de mas de 500 metros, era mejor no mirar.

Cuenca es una ciudad colonial y otra vez voy a decir que muy bonita, tiene ambiente y algunas cosillas que ver y hacer para demorar allí la estancia unos días. Visitamos la ciudad, sus monumentos, museos y algunas ruinas Incas (dentro de la ciudad). Sobre todo disfrutamos de un buen ambiente tranquilo y agradable de una ciudad que cuida los detalles.




Y decidimos decir adiós a Ecuador. Tomamos un bus que nos llevó hasta Machala, desde donde otro nos llevaría directamente a Tumbes (Perú), esta vez parando a hacer los trámites fronterizos.

La verdad es que los escasos 15 días que pasamos (cruzamos) en Ecuador nos han dejado un grato recuerdo. Pena que el temporal nos impidiera visitar la costa, de la que teníamos ganas. Nos da la impresión que es un país con una variedad terrible de culturas, modos de vida, regiones y que nosotros nos quedamos con una única visión escasa de este país, pero muy agradable.

viernes, 14 de marzo de 2008

13.-Colombia, Agradable sorpresa!!!!

Resumiré la introducción histórica de Colombia en una frase:
http://www.google.com/ “historia de Colombia”.



Desde que entramos en Colombia, nos fascinó la amabilidad y simpatía de su gente, la seguridad y tranquilidad con la que paseamos por sus ciudades y la belleza de sus paisajes. Todos los días nos preguntábamos “¿Por qué solo nos llega lo malo?”





Entramos en este maravilloso país a finales de enero, el barco del infierno II nos dejo en Sazurro, un pueblecito paradisíaco, donde la mayoría se quedó a pasar la noche, pero nosotros teníamos tantas ganas de perder de vista al impresentable del Capitán que nos fuimos andando con Miguel Y Eric a Capurganá, una hora de caminata monte arriba, monte abajo. Capurganá es un pueblo pequeño, muy bonito, no hay coches, todo callejuelas peatonales, con playas de agua cristalina, lamentablemente coincidimos con temporada alta, y estaba llena de Colombianos (con dinero) veraneando, demasiado turístico, y como consecuencia todo era más caro y las playas estaban sucias de botellas y bolsas de plástico, perdiendo todo su encanto. Allí nos despedimos de Sato, un japo muy simpático con el que coincidimos en el barco, llevaba dos años viajando por el mundo y todavía le quedaba un año más, flipante!!! (Para mí que era un pirata informático).


De Capurganá tomamos un bote a Turbo, dos horas de lancha a toda leche, botando constantemente, y aunque nos dejó todos los huesos descolocados, continuamos el viaje por una pésima carretera hasta Montería. Allí pasamos la noche, apenas nos dio tiempo a dar un pequeño paseo por la orilla del río y ya empezamos a apreciar lo amable y servicial que es esta gente.
A la mañana siguiente tomamos una buseta a Cartagena de Indias, después de un duro regateo, ya que nos sorprendió el alto precio del trasporte, pero en toda Colombia ha sido igual, ya no hay ruteado, ohhhh!!!!




Nada más llegar a Cartagena nos fascinó, el casco antiguo está muy bien cuidado, grandes edificios coloniales, muy bonitos y coloridos, muchísimo ambiente en la calle, puestos de fruta, comida y jugos por todos lados. Paseábamos por la noche con toda tranquilidad, era lo más parecido a España que habíamos encontrado hasta el momento. Allí, ya nos empezamos a encontrar con gente conocida, con la que habíamos coincidido anteriormente en otras ciudades, esto ha sido una constante en nuestro viaje, por lo que nunca nos hemos llegado a sentir solos. En Cartagena visitamos el museo del oro (era gratis, je, je), todas las plazas con sus correspondientes iglesias, la fortaleza de San Felipe de Barajas ( pero solo por fuera que nos perdían mucha plata para entrar). También hicimos las gestiones para conseguir una guía de Sudamérica, ya que llevábamos varios días al tuntún, y
aunque se nos había dado bien, no queríamos seguir tentando a la suerte. Conseguir la guía no fue tarea fácil, en las tiendas nos pedían 40$, pero en un hostel que cambiaban guías (no quisieron la nuestra de Centroamérica por estar en español) tras un largo regateo, y un poquito de picaresca castellana conseguimos la apreciada lonely planet de 2007 en ingles por 10$, también cambiamos una novela por otra, el único libro que tenían en español era “vamos a calentar el sol” flipante! la continuación de “mi planta de naranja y lima” así que tan contenta. Satisfechos con nuestros negocios nos fuimos a celebrarlo con cervezas, paramos en un bar de lugareños, era una especie de cutretienda de ultramarinos, con tres mesas muy juntas, en una había un viejete, en otra un grupo de cuatro personas de distintas edades (entre 25 y 50), en la que quedaba libre nos sentamos nosotros y empezó la tertulia, al más puro estilo café de Madrid de principio de siglo XX, cediéndose la palabra y todo, eran puros filósofos, se habló de todo, de los toros, que pobrecitos, que si han nacido para eso, y el que más los defendía va y nos suelta que su padre trabajaba en ganadería de toros bravos y le había matado uno, que le había descuartizado, se hace el silencio, todos a cuadros, le dimos el pésame y cambiamos de tema; los ovnis y los casos paranormales, en ese momento se levanta el viejete que había estado callado todo el tiempo y va y dice muy solemnemente “el único suceso paranormal real de Latinoamérica es Hugo Chávez” y se va tan contento. También hablamos de política, de ciencia, de la clonación, volvió el viejete y suelta “tengo una idea que proponerle a Uribe, porque no clonamos a los secuestrados se los damos a sus familiares y tema solucionado” gran fichaje este viejete para el loco de la colina.



Después de tres estupendos días de callejeo por Cartagena tomamos un bus a Santa Marta. Aquí empezamos a probar todos los jugos naturales que no sabíamos lo que eran, maracuyá, tomate de árbol, lulo, zapote…descubrimos las arepas de huevo (con un huevo frito dentro), las bolas de queso, empanadas de distintos rellenos, uhhhhh!!!!! Esto se convirtió en nuestro desayuno, todos los días nos levantábamos contentos e íbamos corriendo a tomar la primera comida del día.
Visitamos las playas de Rodadero y Taganga, un pequeño y acogedor pueblito de pescadores.




Nos apuntamos a un tour para ir a “Ciudad perdida”, seis días de caminata por la selva, siempre por un paraje impresionante, cruzando constantemente ríos, plantaciones de coca, pueblos indígenas, con cenas y tertulias a la luz de las velas, tallando madera y tagua, durmiendo en hamacas, luchando contra los mosquitos…. Hace unos años era una ruta peligrosa por las guerrillas y el narcotráfico, pero hoy en día es todo muy seguro, Uribe ha fumigado las plantaciones de coca y el parque está constantemente vigilado por los militares, a la entrada nos cachean y revisan nuestras mochilas, comprueban que los víveres son para nosotros y no para la guerrilla.
Disfrutamos mucho de esta excursión, coincidimos con gente muy agradable y nos reímos mucho con nuestro guía Omar, que siempre nos estaba amenizando el viaje con historias y anécdotas de turistas que sufren ridículos accidentes, de secuestros, de los narcotraficantes, de los indígenas (entramos en una de sus cabañas y conocimos a una indígena de 16 años que ya tenía 3 hijos, alucinante!), leyendas…siempre con buen humor.
Oscar se lo pasaba pipa con Omar, juntos eran como dos niños pequeños, todo el día metiéndose el uno con el otro (Omar decía que Oscar tenía los pelos de una muñeca abandonada), gastándose bromas y sustos..
Para llegar a Ciudad perdida debimos subir 2.270 escalones de piedra, a los 1.230 ya empezaban a asomar las primeras terrazas, al llegar al último escalón estábamos rodeados de terrazas a distintos niveles, todos comunicados por caminitos formados con losas de piedra, impresionante!
Después de esos seis días terminamos agotados, nos dolía todo, especialmente las piernas, el regreso fue muy duro, llovía, barro, resbalones, culetazos, Omar riéndose de nosotros.




El día que llegamos a Santa Marta empezaban los Carnavales, estábamos a 200 Km. de Barranquilla, conocida por tener los Carnavales más famosos de Sudamérica (después de Río, claro!). Pero somos tan chulos (la verdad es que estábamos tan cansados) que pasamos de ir, y disfrutamos del carnaval de Santa Marta, toda la carrera 5º llena de gente, que constantemente se tira espuma y polvos de talco, terminan todos perdidos pero siempre alegres y bailando.




Fuimos al Parque Tayrona, a descansar, pero tenía unas playas y unos recorridos tan bonitos que volvimos más cansados todavía. Dormíamos en un camping al lado del mar, alquilamos una tienda de campaña tan pequeña que dormíamos con la cabeza fuera, viendo las estrellas, que bonito! Si no fuera porque nos llovió!. Allí hicimos snorkel y aunque no llegamos a la zona de arrecife, ya que había mucha corriente y vimos unas rayas gigantescas que acojonaban, nos quedamos en una zona donde había un árbol hundido con gran variedad de peces, Oscar vio una especie de pez globo con pinchos y descubrió una langosta, así que allí estabamos tan contentos.




De vuelta a Santa Marta, nos gustaba ir a tomar una cerveza a los bares de los lugareños (que raro!) donde nos contaban historias de la ciudad. En la calle donde nos hospedábamos era muy tranquila y acogedora, la gente estaba sentada en los portales y a la segunda vez que te veían pasar ya te saludaban, era genial. Pero apenas hace 10 años esta calle estaba tomada por los paramilitares, y había muchos tiroteos, Luís, uno de los porteadores con los que fuimos a Ciudad Perdida, nos contaba que allí habían matado a sus dos hijos varones, uno porque era pacifista y no quiso alistarse a los paramilitares (por escarmiento) y al otro porque se alisto y le mató la contra, este hombre también nos contó como hace años había trabajado en una plantación de coca y en el laboratorio, y así miles de historias que nos hacían entretenidas las tardes con una cerveza (quien dice una, dice dos o tres…)





De Santa Marta tomamos un bus a Medellín, 16 horas de viaje, fuimos de noche para ahorrarnos el alojamiento (esto para los que piensan que estamos forrados) los autobuses aquí son buenos, espaciosos y se reclinan un montón (también son muy caros).
En las carreteras hay muchos controles militares que constantemente te hacen bajar, cacheo y revisión del equipaje. Aunque resulta una gran molestia, aquí todos están tan contentos con estos controles, ya que antes les era imposible viajar entre pueblos debido a la guerrilla, a mí personalmente me fastidio un control, a las 6 de la mañana, nos despiertan, nos hacen bajar, hace frió, cacheo (a las mujeres no! Pues vaya!) y revisión a fondo de nuestras mochilas, se entretienen con mi bolsita de tampax, lo estudian minuciosamente y me los destrozan, Ahhh!!! Me cago en “to”!!! Con lo que me cuesta aquí encontrarlos!!!





En Medellín paseamos por la plaza de las esculturas, la plaza Bolívar, el Parque de San Antonio, visitamos la catedral, la candelaria y el museo de Antioquia, de tres plantas; en la 1ª pinturas de siglo XIV hasta la independencia, 2ª planta pinturas de artistas colombianos del siglo XIX y XX y la última planta con esculturas y pinturas de Botero incluyendo una colección suya de artista internacionales. Nos gustó mucho.
Al llegar a Medellín nos hizo mucha gracia la cantidad de carteles de comercio que ponía “Drogas las rebajas “, “Súper drogas”, “Drogas mejor precio”, sin duda todas eran droguerías, pero claro, tratándose de Medellín no podíamos evitar la sonrisa al verlos. Una vez más, nos sorprende la amabilidad de su gente y nos encontramos una ciudad segura, muy agradable de pasear, con zonas muy modernas. La era de Pablo Escobar queda lejos.




De Medellín, otro bus nocturno (12 horas) nos llevó a Popayán, una bonita y tranquila ciudad colonial de casas bajas y blancas.
Un almuerzo típico consiste en una sopa y una bandeja con un filete de res, arroz, plátano frito y ensalada, todo por 1 euro y medio incluyendo un jugo natural (imposible pasar hambre).
Como era martes, día de mercadillo, nos fuimos a pasar la mañana a Silvia, un pueblo en las montañas, a donde van ese día todos los indígenas desde sus aldeas para comprar las fruta y verdura. Es digno de ver, el pueblo se llena de colorido, los indígenas visten todos con un sombrero tipo Bombin, una falda y un poncho azul, tanto hombres como mujeres, pero ellas llevan collares y ellos bufanda. Son muy graciosos.













De regreso a Popayán nos informamos de las ruinas precolombinas que hay en “Tierradentro” y decidimos visitarlas, son hipogeos, tumbas subterráneas, con paredes decoradas con dibujos geométricos en blanco, rojo y negro. La zona donde se encuentran los hipogeos más importantes se llama “Segovia” así que era una visita obligatoria. Allí mantenemos una agradable
conversación con el cuidador del parque y para nuestra sorpresa resultó que conocía de oídas la Segovia de España, es más me dijo ”En esa Segovia hay un puente muy grande de piedra que también deben ser ruinas precolombinas” ¿? ¿?¿? Pues vale!!!
El pueblo y los alrededores nos encanta, todo tranquilidad, apenas turismo, sin Internet, así que decidimos quedarnos más días y seguir dando paseos. De Tierradentro nos habían dicho que había guerrilla, pero cuando le preguntamos a la gente de allí, nos decían con toda tranquilidad ”Ahhh! Si! Pero eso era antes, ahora están allá arriba en la montañas y si bajan es de noche y no molestan!”
En la casa donde nos hospedábamos, coincidimos con Doña Olga, arquitecta encargada de la rehabilitación de templos, así que al día siguiente decidimos hacerla una visita a la obra, en Santa Rosa, un pueblo a más altitud del que estábamos, nos dijeron que la única manera de ir era en la furgoneta de Darío que pasaba a las 11:00, esperamos y esperamos, y finalmente pasó a las 12:00, pero que iba en otra dirección, que a las 14:00 subía, así que decidimos esperarle tomando unos frijoles y jugando una partida de cartas, jugamos a la escoba y en cada partida a 21 nos jugamos 10 min. de masaje, ya le debo a Oscar 1 hora y 20 min., Ahhhh!!!! Q mal lo llevo!!!. El caso es que mientras esperábamos, vimos como a las 13:55 pasaba la furgoneta de Darío a toda leche sin recogernos, nos quedamos con cara g…, pero sin desanimarnos decidimos ir andando, después de una hora subiendo la montaña (las vistas era alucinantes, cosa que nos animaba a continuar) empezamos a preguntar a los campesinos que nos cruzábamos que a cuanto estaba Santa Rosa, y nos decían “a 15 min.” a los 15 min. volvíamos a preguntar y nos volvían a decir “a 15 min.”, así en varias ocasiones, trás 2 horas de caminata por fin llegamos. Conclusión: o la gente de aquí no sabe contar mas de 15 o caminan a toda leche. Lo mejor fue un niño que nos encontramos cuando todavía nos quedaba 30 min., nos dijo todo convencido “estará a unos 8” nunca llegaremos a saber si se refería a Km., millas, minutos…Pero sin duda fue el que más se aproximó.
Una vez en Santa Rosa nos dirigimos a la iglesia andamiada, donde nos encontramos con Doña Olga, y nos hizo un estupendo recorrido contándonos y mostrándonos los mejores momentos de la reconstrucción con adobe. Luego en la parte de atrás de la pick-up de la obra nos llevaron de regreso a casa, disfrutando de las mejores vistas que pudiéramos tener.



Después de tres días en Tierradentro regresamos a Popayán para pasar la noche y al día siguiente tomamos un autobús (aquí si que pusimos todos nuestros esfuerzos en el regateo para poder desayunar, ya que apenas nos quedaban pesos) a Pipíales a 2 Km. de las frontera con Ecuador.



Allí tomamos un taxi que todavía no sabemos como lo hizo pero se salto los dos controles y nos plantó en Ecuador, en la parada de taxis que nos llevaría a la ciudad mas cercana. Nosotros flipando le pedimos por favor que nos lleve de vuelta a Colombia para que nos sellen los pasaportes. El taxista no entendía muy bien por que queríamos volver si ya habíamos pasado, pero bueno esta ya es otra historia.







martes, 4 de marzo de 2008

12.- Hoy me he dado cuenta de que no somos unos mochileros.

Llevamos 6 meses viajando y hoy me he dado cuenta de que no somos unos mochileros auténticos, estándar, o cuanto menos comunes.

Viajamos sin iPop, cámara digital con varios objetivos, ordenador portátil (preferiblemente uno pequeñito blanco, muy mono de Apple), ni móvil de ultima generación para estar on-line las 24 horas del día. Nuestra máxima inversión en tecnología, para pasar los ratos muertos, ha sido en una baraja de naipes española, que cuando la sacamos piensan que es el Tarot.


No disponemos de un calzado apropiado para cada tipo de terreno, ni de ropa térmica, ni de diseño. Tampoco tenemos mochilas conjuntadas con miles de accesorios y súper ergonómicas que andan solas (en taxi), ni ningún tipo de complemento como gorro o gafas fashion que en un programa como “Gran Hermano” se pondrían de moda en media España. Nosotros tenemos que encontrar un hueco para que remienden nuestras cansadas botas y hacer uso de nuestras chanclas de 2 $ en mercadillo. He recosido 4 o 5 veces la mochila roja que debía llevar en tiempos de instituto y que se ha recorrido media España conmigo y la moto. Y gracias a Esme y el Cohete, que nos regalaron nuestras prendas de invierno, de vez en cuando nos vestimos de gala y salimos a pasear.


A Ana, cuando se rapo el pelo, se le olvido dejarse una trenza larga, y a mi con mi bigote y pendiente en la oreja no me miran ni para criticar. Nuestro escaso presupuesto antes de partir no nos permitió tatuarnos un brazo entero junto a medio tronco o cuanto menos los 5 tatuajes reglamentarios.


Para nosotros un buen homenaje es tomar un primer y segundo plato de comida típica con una buena cerveza del país y no sentarnos en primera línea de playa a soltar la talegada, eso sí, mostrando ser un guarro en todo momento para no descuidar el loock. Tampoco nos ponemos tiernos, siempre atentos a la foto, cuando vemos un perroflauta pulgoso o a un pobre niño mendigando.


No nos apuntamos a todos los chachi-tours, ni vamos a hostel de mochileros que organizan fiestas 3 días a la semana. Viajamos a veces sin guía y nuestra Biblia no es la Lonely Planet.

En fin, la pista clara que nos ha hecho ver que no somos uno de ellos es que, a nuestro pesar, solo hablamos un idioma (y a veces no nos entienden) y que como media tenemos 10 años más que ellos. No sé lo que somos, lo que sí sé, es que somos pocos y que cuando nos cruzamos en el camino rápidamente nos reconocemos.