martes, 4 de marzo de 2008

12.- Hoy me he dado cuenta de que no somos unos mochileros.

Llevamos 6 meses viajando y hoy me he dado cuenta de que no somos unos mochileros auténticos, estándar, o cuanto menos comunes.

Viajamos sin iPop, cámara digital con varios objetivos, ordenador portátil (preferiblemente uno pequeñito blanco, muy mono de Apple), ni móvil de ultima generación para estar on-line las 24 horas del día. Nuestra máxima inversión en tecnología, para pasar los ratos muertos, ha sido en una baraja de naipes española, que cuando la sacamos piensan que es el Tarot.


No disponemos de un calzado apropiado para cada tipo de terreno, ni de ropa térmica, ni de diseño. Tampoco tenemos mochilas conjuntadas con miles de accesorios y súper ergonómicas que andan solas (en taxi), ni ningún tipo de complemento como gorro o gafas fashion que en un programa como “Gran Hermano” se pondrían de moda en media España. Nosotros tenemos que encontrar un hueco para que remienden nuestras cansadas botas y hacer uso de nuestras chanclas de 2 $ en mercadillo. He recosido 4 o 5 veces la mochila roja que debía llevar en tiempos de instituto y que se ha recorrido media España conmigo y la moto. Y gracias a Esme y el Cohete, que nos regalaron nuestras prendas de invierno, de vez en cuando nos vestimos de gala y salimos a pasear.


A Ana, cuando se rapo el pelo, se le olvido dejarse una trenza larga, y a mi con mi bigote y pendiente en la oreja no me miran ni para criticar. Nuestro escaso presupuesto antes de partir no nos permitió tatuarnos un brazo entero junto a medio tronco o cuanto menos los 5 tatuajes reglamentarios.


Para nosotros un buen homenaje es tomar un primer y segundo plato de comida típica con una buena cerveza del país y no sentarnos en primera línea de playa a soltar la talegada, eso sí, mostrando ser un guarro en todo momento para no descuidar el loock. Tampoco nos ponemos tiernos, siempre atentos a la foto, cuando vemos un perroflauta pulgoso o a un pobre niño mendigando.


No nos apuntamos a todos los chachi-tours, ni vamos a hostel de mochileros que organizan fiestas 3 días a la semana. Viajamos a veces sin guía y nuestra Biblia no es la Lonely Planet.

En fin, la pista clara que nos ha hecho ver que no somos uno de ellos es que, a nuestro pesar, solo hablamos un idioma (y a veces no nos entienden) y que como media tenemos 10 años más que ellos. No sé lo que somos, lo que sí sé, es que somos pocos y que cuando nos cruzamos en el camino rápidamente nos reconocemos.

domingo, 17 de febrero de 2008

11.- Panamá, algo más que un canal.

Panamá fue tres veces colonia: de los españoles primero, de los colombianos después y hasta hace bien poco se puede decir que ha estado “tutelada” por los Estados Unidos. La importancia de Panamá en los tiempos de la colonia española se acrecentó con el descubrimiento del Pacífico, de modo que Panamá la Vieja fue el eje para la conquista y colonización de la América sureña. Una vez conquistado Perú por el istmo transitaron todo su oro y su plata, cruzándolo desde Panamá la Vieja hasta Portobelo donde se enviaba a España. Tras los éxitos de Bolívar surgieron los primeros escarceos independistas pasando el territorio panameño a formar parte de Colombia en 1821 (hasta que EEUU dijera lo contrario). Se descubrió oro en California y Oregón y comenzó la llamada “fiebre del oro” y Panamá volvió a convertirse en zona estratégica, pues miles de personas cruzaron el istmo con el fin de evitar atravesar Estados Unidos de costa a costa. Estados Unidos se dio cuenta de la importancia de Panamá, construyó el ferrocarril que atravesó el istmo y organizó comunicaciones por mar entre ambos países. También Panamá fue otra típica república bananera acarreando atraso y pobreza a toda la población que con ella se vincula. Mas tarde Estados Unidos para quedarse con el futuro canal azuzó a los separatistas consiguiendo que Panamá se declarara independiente (dependiente de EEUU) en 1903 y firmo el tratado de Hay-Bunao Varilla denominado “rapto de Panamá” que incluía las siguientes lindezas: (1) concesión a los Estados Unidos de un territorio de 10 millas de ancho y 3 millas marinas en los 2 océanos; (2) los Estados Unidos pueden intervenir militarmente en la zona del canal; (3) los buques yanquis utilizaran sin pagar todos los puertos panameños; (4) Panamá estará obligada a vender a los norteamericanos los terrenos que necesite para mejorar o ampliar el canal; (5) lo acordado no podrá ser en adelante modificado por ningún otro gobierno, etc. Lógicamente los presidentes de las últimas décadas han luchado por la recuperación del canal y G. Bush padre viendo peligrar el canal ordeno invadir militarmente Panamá (1989) con la excusa de que un marine estadounidense había sido asesinado (la historia se repite). Pero felizmente desde el 31 de diciembre de 1999 el canal es de soberanía panameña con todo lo que económicamente implica y en la actualidad se esta trabajando en la ampliación de el canal (nuevas esclusas) en la que intervienen muchas empresas españolas.

Tengo que aclarar que mis constantes pullas (en todas las crónicas) a los Estados Unidos van dirigidas a las trayectorias de sus políticas y gobernantes, y decir que raro es el día que no nos topamos con algún viajero americano que nos sorprende por lo agradable y buena gente que muestra ser. También decir que el paso de la España colonial por estas tierras no envidia para nada a los Estados Unidos en sus atrocidades acometidas, pero eso es capitulo aparte, y gracias a Dios la España actual se ve comprometida y muy presente donde mas se la necesita en estas tierras.



Cruzamos la frontera de Axiola el equipo feliz de Noche vieja, Ana, Arantxa, Dácil, Dani y yo (5 voluntarios de La Prusia) en dirección del archipiélago de Bocas de Toro. Debido a las crecidas de las últimas lluvias no pudimos coger allí el bote y nos tuvimos que desplazar en minibús hasta Almirante, desde donde sí pudimos tomar una lancha hasta Bocas, pueblito principal del archipiélago.



Me lleve una sorpresa agridulce al volver a pisar estas tierras (estuve en Panamá en 2005), no me lo esperaba con tanta gente (gringolandia en estas fechas) y aunque ha progresado en ciertos aspectos turísticos, no lo ha hecho de una manera desordenada ni exagerada, pero yo, nostálgico como siempre, prefiero el Bocas de 2005, con escaso turismo, menos restaurantes y las calles de tierra. Allí nos esperaba José, el fotógrafo de Guadarrama, un amigo de Arantxa, que abandonó España hace tres años para vivir de otra manera la vida.




Inesperadamente “el cenón” de Nochevieja lo adelantamos a la noche del 30, pues José, como buen anfitrión, nos llevó a cenar al restaurante de unos amigos. Ignorantes de lo que nos esperaba nos sorprendieron con un menú degustación de cinco platos, siendo el primero una fabada y terminado como plato fuerte con un solomillo con hongos, todo esto cocinado sobre los fogones de Mónica, una estupenda cocinera Valenciana y aderezado con el trato y el detalle exquisito de un alemán, su pareja. No podéis haceros a la idea de lo apreciado que es la comida de mama España cuando llevas mucho tiempo fuera de casa, yo vi como a alguna se le saltaban las lágrimas y esta vez no fue a Ana. Para terminar la noche acabamos tomando bebidas prohibidas, “el pecado”, la especialidad de un zumbado canadiense que una vez cerrado el bar, se dedicó a subastar la verruga de Enrique Iglesias, pena de no disponer de suficiente efectivo!

El día 31 lo empezamos de lo más sano posible, como si quisiéramos compensar todos los excesos cometidos a lo largo del año. A las 8 de la mañana nos disponíamos a afrontar un largo día de caminata por playas largas y solitarias, y a la vuelta, ya tarde habíamos recorrido aproximadamente 18 Km. (según señalización, no creo que fueran tantos). Aunque inicialmente pensábamos hacer cenita en casa, estábamos tan cansados que decimos salir a cenar pizza, eso sí, con nuestras doce uvas. Vimos como celebraban el Año Nuevo los lugareños entre fuegos artificiales y con más ilusión que fuerzas hicimos una intentona frustrada de salir de fiesta, abandonando a Dani, “el explorador nocturno” en manos de los peligros de la noche.

El día 1 a primera hora, estábamos operativos, salimos a desayunar y hacer algunas cosillas y cuando regreso a casa me encuentro a las tres mujeres (Dani seguía entregado a su tarea) tomándose una copa de ron, ignorante de mí no sabia lo que se avecinaba. Ana y Arantxa se metieron en el baño con una botella de ron y una rapadora, a las horas salieron sin ron y sin pelo, que comienzo del año tan “heavy”. Imparables se vistieron de gala (no sé de donde lo sacaron estas mochileras) y salimos de fiesta, lo pasamos muy bien. Primer día del año que recuerdo no pasarlo en cama.
Los siguientes días a parte de despedirnos con pena de esta gente, los dedicamos a pasear, un poco de playa, visitar Bastimentos (otra isla) y sus playas y tomar mucha cerveza con José.


Llegó el día en que cogimos la lancha y otra vez para Almirante, donde allí una furgonetilla nos llevo hasta David (2ª ciudad en habitantes de Panamá) donde hicimos una parada técnica para continuar el viaje al día siguiente. Eso sí, nos dio tiempo para cenar una hamburguesa sin hamburguesa, es decir, sin carne, que tontos estamos!!!






A primera hora de la mañana de siguiente estábamos haciendo cola para coger un autobús a Santiago. Una vez en marcha una muchacha que iba en las primeras filas se levantó y nos dio una charla promocional de la feria de artesanía de Chiriqui (una región) que concluyó desencadenando una serie de preguntas y respuestas. Improvisadamente se convirtió en el autobús del “un, dos, tres, responda otra vez” donde Ana tomó rápidamente la atención y no se le escapó la primera, obsequiándonos con dos paquetes de manís. Con todo el autobús muy centrado en el concurso resultó muy ameno el viaje hasta Santiago, donde nos montamos en una furgonetilla hasta Chitré. Llegamos a Chitré con la intención de disfrutar unos días de las playas del Pacífico, pero gran cagada pues las playas no eran muy buenas para el baño y si para los amantes de los pájaros. Pero aun así, nos encontramos a gusto y pasamos unos días disfrutando de la tranquilidad de un pueblo poco turístico.



Un siguiente salto en autobús nos llevo hasta Panamá City, que ciudad!. Aquí nos hospedamos en una especie de piso patera en el que la variedad y el transito de gente resultó muy agradable. Panamá City es un pedazo ciudad impropia de Centroamérica de no ser por el Canal y la ausencia de terremotos. Una línea de enormes rascacielos se enfrenta a la zona colonial, ambas partes están unidas por una larga bahía y por comercio y caos hacia el interior. En Panamá City te puedes encontrar esperando en un semáforo a un ejecutivo de alto standing junto al indio Kuna más ancestral. Puedes ver como una autentica guagua de lo más tuneada, con luces de mil colores, grafitis, música a todo volumen y pegatinas de “Dios me guía” por todos lados, adelanta sin piedad a un Lanborghini, en la carrera infernal de la noche por coger más pasajeros que la que la precede. Puedes comer “fast food” o meterte entre pecho y espalda un cocido autentico con su correspondiente aguardiente de sobremesa. En fin, dedicamos nuestra estancia a visitar los sitios típicos, a realizar algunas compras de ropa que se iba necesitando (baratísimo), a arreglar el paso a Colombia, y a conocer las esclusas del Canal, cuenta pendiente de mi anterior viaje. De lo impresionante de la obra del Canal, aunque se merece capítulo aparte, seré breve. Decir que en tiempos de Carlos V, ya se propuso la unión de los dos mares, conociendo el desnivel entre ambos, luego lo intentó un francés (no contó con él) que abandonó, habiendo realizado ya el 25% de la obra, y por último los americanos fueron quienes se llevaron el gato al agua, tras un contrato abusivo (ya mencionado) muy cuestionado internacionalmente. En la construcción se invirtió mucho tiempo, la mejor maquinaria disponible en el momento y muchísima mano de obra, siendo muy apreciado los numerosos trabajadores españoles, y donde las enfermedades fueron el gran handicap, causando muchas muertes. Por último decir que el dinero que mueve el Canal es incalculable para nosotros, desorbitado.





Dos guaguas (a reventar de gente) nos llevaron hasta Portobelo, primer lugar del istmo de Centroamérica en el que arribó Cristóbal Colon, y que por la belleza de su bahía lo llamó “Puerto Bello”. Lugar importantísimo en tiempos coloniales como puerto de partida de los galones cargados de oro (bahía estratégica, con cuatro fortificaciones para protegerse de los piratas) y lugar del que nosotros partiríamos en catamarán hacia Colombia. Aclarar que por tierra es imposible dirigirse a Colombia, no existe comunicación terrestre, es una selva intransitable poblada por indios Chocoes y peligrosa por la presencia del narcotráfico y de la guerrilla colombiana.


Dos días de mareos (infernales para la mayoría) nos llevaron al archipiélago de San Blas. 365 islas paradisíacas (y no me gusta usar este adjetivo, pero en este caso era cierto), una para cada día del año, que están repartidas por el Caribe, pocas de ellas habitadas por indios Kunas a los que les
pertenecen y “autogobiernan”. Islas por las que fuimos atracando y las que algunas estaban formadas por escasos tres cocoteros, rodeadas de arena blanca y aguas cristalinas en un mar de azul turquesa y de las que disfrutamos Ana y yo en exclusividad. Allí practicamos una de mis grandes pasiones, buceamos sobre corales poblados de una variedad de peces terribles y a una profundidad de uno o dos metros escasos, ideal!. Unos corales de lo más atractivos, peces que destellaban todo tipo de colores, buceamos sobre rayas y gigantescas estrellas marinas e incluso mi inconsciente me tiene engañado y me hace creer que un tiburón merodeaba alrededor nuestro, que miedo!. La verdad es que este es uno de los sitios que nunca olvidaré, pena que no todo puede ser perfecto y el capitán del barco resultó ser un poco guarrete e informal. Allí conocimos a Eric y Miguel, dos californianos muy majetes que parecían los embajadores de Granada (España), pues aún conociendo medio mundo, no paraban de hablar maravillas de ella, era palpable la buena mella que había dejado su estancia en ella. Curioso también su viaje, cuatro amigos californianos están recorriendo la costa del Pacífico, surfeando en las mejores playas y viajando en un enorme pick-up adaptado para consumir aceite vegetal reciclado, que tiene que conseguir en los hoteles y restaurantes en cada escala que hacen.




De Panamá decir que posee grandes zonas inexploradas que conservan sus orígenes como la selva de Darién, con sus indios Chocoes, como posee uno de los mayores centros económicos financieros del mundo como es Panamá City. Es poco turístico, pero no por ello de menor interés, posee diversas culturas. Puedes visitar el archipiélago de Bocas de Toro con su población de raíces africanas que te hacen una estancia agradable o visitar el de San Blas con sus indios Kunas que te despertarán la curiosidad de los orígenes de estas tierras. Posee zonas cafeteras, grandes volcanes, numerosos parques naturales,… Ya no hay tanta bicicleta ni comida en las calles y si buenos coches y buenas carreteras. Hay tanto rascacielos en la ciudad, como cabañas en el interior.



Un abrazo muy fuerte desde la sorprendente ciudad de Quito, Ecuador.

domingo, 13 de enero de 2008

10.- Costa Rica, yo pasé por allí.

De Costa Rica poco puedo decir, que cuando lo descubrieron no era tan rica como pensaron y que hoy por hoy, gracias al turismo (Gringolandia), es algo más “Costa Rica”.



Entramos a Costa Rica por la frontera de Los Chiles e hicimos noche allí. La primera impresión que tuvimos es que todo nos pareció muy cuidado, como residencial, y que algunas de las tantas bicicletas de las que estábamos acostumbrados a ver las habían sustituido por algún coche más. Ya no sonaba música desde cualquier rincón.





Al día siguiente nos dirigimos en autocar hacia el interior con intención de cruzar rápidamente hacia el Caribe. Los paisajes muy bonitos (como en todo Centroamérica), buenas carreteras y muchos coches. Nos hospedamos en Ciudad Quesada (San Carlos), una ciudad de interior con mucho comercio y mucho trafico, probablemente por las fechas (nos tuvimos que bajar de un autobús antes del destino por el atasco en el que estaba metido). De allí otro viaje similar nos llevo a Puerto Viejo de Sarapiqui, donde hicimos noche y otro día más en autocar nos llevo hasta Cahuita.


Cahuita es un pequeño pueblo en la costa Caribeña, donde los cocoteros nacen en la misma orilla de las largas playas. Un pueblo turístico, con calles de tierra, donde se hace surf y a todas horas se oye a Bob Marley, poblado por clones del ídolo al que no paran de explotarlo y viven del cuento (incluso se rumorea que es destino sexual para muchas mujeres). Nos hospedamos dos días, los cuales no paró de llover y aunque con pena de no poder disfrutar de sus parques naturales y playas, decidimos irnos a Puerto Viejo de Talamanca, muy cercano y con mejores alternativas para esos días de lluvia.



Nos costó encontrar alojamiento, pues en esas fechas esta lleno y los precios disparados, todo el mundo (muchos gringos) pasa allí las Navidades. Pero tuvimos suerte y nos hospedamos en casa de Katy (una alemana) muy acogedora, limpia y con partes comunes amplias, que se agradecían mucho en esos día de lluvia. Allí pasamos la Noche Buena y la Navidad en la mejor compañía que nos tenía reservado el destino, Mireia y Asier una pareja de Zarautz que están dando su vuelta al mundo. Que buenas Navidades en compañía de gente sencilla y maja, con mucha tertulia (alguna partidilla al chichón chino) y mucho ron, como a mí me gusta.





Gracias a Dios salió el sol pasadas las fiestas y pudimos disfrutar un poco de la playa. Allí nos juntamos con Arantza, Dacil y Dani, tres voluntarios de La Prusia, con los que habíamos quedado para pasar la Noche Vieja en Bocas de Toro (Panamá). Y eso hicimos, dirigirnos a la frontera de Sixaola con Panamá.




Cruzamos Costa Rica rápidamente sin darnos tiempo ni siquiera para formar una ligera impresión, pero sí nos dio tiempo a sentir una especie de nostalgia de la Centroamérica que conocíamos. Se viajaba en autocar y no en ruteado. Las carreteras son buenas y a los coches les funcionan todas las luces. Vimos mucho comercio y turismo, no se si debido a estas fechas. Poca comida en la calle y mucho restaurante. Más coches nuevos que bicis en las ciudades. Quizá Costa Rica es el escaparate del porvenir que les espera a algunos de sus países vecinos.




Un abrazo desde Cartagena de Indias, ciudad muy bonita de Colombia que nos recuerda a España.


Ana y Oscar.