sábado, 12 de enero de 2008

9.- Nicaragua, adoro este país.

Como no podía ser de otro modo la historia de este país es similar a la de sus vecinos, pero no así el desenlace final de los últimos años. Desde 1973 y hasta la Revolución Sandinista (1978-1979), Nicaragua se convirtió en feudo somocista. La dinastía de los Somoza (3 generaciones) gobernó este país de forma dictatorial, con mano de hierro y multitud de arbitrariedades, alimentando de este modo la oposición guerrillera. En 1972 un terremoto destruyó Managua y la ayuda internacional para las 300.000 personas damnificadas fue a parar directamente a los bolsillos de Somoza. Ante este panorama, todo iba de mal en peor, y gracias a unas audaces operaciones Sandinistas que consiguieron desestabilizar el país, tras una brutal represión somocista Nicaragua entró en una guerra civil que terminó en 1979, con la victoria del Frente Sandinista de la Liberación Nacional (FSLN). Somoza tuvo que hacer las maletas y escapar a EEUU, mas tarde fijó su residencia en Paraguay donde un comando sandinista lo liquidó. Durante el gobierno sandinista se inició una masiva campaña de alfabetización, la sanidad era para todos, se redistribuyó la propiedad de la tierra, había cartilla de racionamiento. Pero poco a poco, una serie de acontecimientos y que los intereses de Daniel Ortega (joven revolucionario sandinista) pasaron de lo colectivo a lo particular llevaron al fin de la revolución sandinista. Calló por su propio peso, muy a pesar de Ronald Reagan que decretó el embargo económico y financiaba a la Contra. En la actualidad tras arrastrar los grandes daños causados por el huracán Mitch (todavía), mandatarios corruptos, constantes bajadas del precio el café,… vuelve a gobernar Daniel Ortega, el que en su día fue el joven revolucionario (y gobernó este país), pero otra vez parece que no debe estar haciendo bien las cosas, de ahí el mal estar del pueblo (en su mandato han subido al doble los frijoles, entre otras cosas).

“Menos mal que con las armas no se matan las palabras” (Chinato)

Nicaragua es diferente y se nota claramente. No se si esto lo dará la revolución, será consecuencia de ella, pero hoy por hoy se agradece, lo agradecemos. Nicaragua tiene cultura, tiene tradición, tiene folclore. La gente es alegre y simpática, tiene conversación e inquietudes, es luchadora. Tiene universidades y cree en el futuro y en un buen porvenir. En la calle suena música a todas horas (bachata, merengue, salsa, regeaton) y cualquier excusa es buena para bailar y organizar una fiesta. Nicaragua no es turística (no esta explotada), es virgen y aun es de los nicaragüenses…. Será la revolución?, Será la pobreza?.

Entramos a Nicaragua por las manos, paso fronterizo de la carretera centroamericana y se notaba por la cantidad de traileres estacionados que había esperando el paso. Hicimos una parada técnica en Ocotal para cambiar dinero en el banco (tuve que abandonar a Ana por un momento en la estación) y continuamos hasta Esteli, cuna de la revolución, en la provincia de Segovias. Nuestra primera toma de contacto con Nicaragua fue grata, disfrutamos de largas conversaciones con los lugareños y en contra descubrimos la pobreza, nos encontramos con mucha gente pidiendo en la calle.




Tras un viaje infernal en ruteado por una carretera Intratable llegamos a León. Que recuerdos León, que recuerdos el ruteado. El ruteado es un autobús colectivo de infinitas paradas que va cantando un destino y en el que cuando crees que ya no puede entrar mas gente, entra mas gente. Antes de que parta de la Terminal y con el autobús lleno entra todo tipo e gente, curanderos, predicadores, exdrogadictos (estos sacan mucho dinero), vendedores de todo tipo de


cosas, comidas y refrescos. Cada ruteado es una aventura, nunca sabes lo que te vas a encontrar. León es una ciudad colonial preciosa, con mucha vidilla y buen ambiente. Que gran acierto tuvimos con el alojamiento (aunque nos costó), estaba céntrico, barato, muy buena gente y con piscina, Internet y billar gratis. La verdad es que estábamos de maravilla de ahí que nos costara tanto irnos. Estando allí fuimos a las ruinas de León Viejo, destruido por un terremoto, y a las Peñitas, una playa del Pacifico donde los atardeceres eran impresionantes. Fuimos al cementerio a comer buñuelos el día de Los Santos, vaya fiesta que tenían allí montada, familias enteras (hasta con el perro) dispuestas a pasar un día de picnic con todo lo imprescindible (ya sabéis, kit playero, sombrillas, sillas, nevera y el casete). Visitamos la casa de Rubén Darío (natural de León) y varios museos, de mencionar el de la revolución, una especie de “hogar del jubilado sandinista” donde nos echamos buenas charlas con excombatientes que aprovechaban la mínima oportunidad para enseñarte las heridas de guerra (todo lisiados). Ana descubrió el caldo de res, una especie de cocido, y las costillas de cerdo, y yo los nachos con frijoles (picantes), cuando aparecíamos por los puestos las mujeres ya sabían lo que queríamos. La verdad es que nos costo irnos, nos encontrábamos muy a gusto, teníamos nuestras rutinas y siempre había algo que hacer.





Quince días después un mejor viaje nos llevo hasta Granada, ciudad colonial a orillas del Lago Nicaragua (un mar dulce como pensaron los descubridores). Si León nos volvió locos, Granada más de lo mismo. Los primeros 15 días nos hospedamos en el centro debido a que la casa de

voluntarios tenia overbooking, eso no quito de que todas las mañanas subiéramos a La Prusia a cumplir con nuestros quehaceres. En Granada a parte de la ONG, mención a parte, nos sentíamos como en casa, conocíamos a gente, a lugareños y siempre se organizaba algo. Ana con algunos voluntarios fue a clases de baile, se organizó un autobús para ir al concierto de Mana (Dios en estas tierras) a Managua, íbamos de pesca con aparejos caseros a la Laguna de Apoyo (Ana era la que mas pescaba, yo el que mas nudos deshacía), nuestro gran rinconcito, salíamos de fiestas nicas (nicaragüenses),… Comimos piperon (calabacín), mondonga (morcilla), chicharrón (torreznos) y los mejores perritos calientes, por lo menos los servidos con más alegría. Nos movíamos en bici e incluso chineabamos (llevábamos en bici a otro). Una ciudad colonial muy bonita en la que sonaba música a todas horas desde cualquier rincón de una casa.





Un fin de semana nos fuimos de escapada al volcán Masaya (en actividad) e hicimos noche en Masaya, que posee 2 grandes mercados, uno de artesanía, y poco más.









Nos costo mas de un mes dejar Granada y dejar La Prusia, siempre teníamos una excusa, pero aprovechando que se acercaban las fechas navideñas, pusimos rumbo a la isla Ometepe (la


mayor isla de agua dulce del mundo). Cogimos un ruteado hasta San Jorge, allí un barco hasta la isla y luego otro ruteado hasta Mérida, donde nos hospedamos. La isla es la tranquilidad absoluta, una naturaleza y unos paisajes (2 volcanes) preciosos y miraras por donde miraras un horizonte de agua (pena que no fuera cristalina). Aprovechamos la estancia para disfrutar de los paisajes, pasear, descansar y ponernos al día de algunas cosillas… que tranquilidad.





Uno no puede decir que lo ha probado todo si no ha viajado en el barco que cruza el Lago Nicaragua. El barco del infierno. 12 horas nocturnas nos llevaron hasta San Carlos, en la orilla opuesta, 12 horas sentados en un banco corrido donde no cabía un alfiler, en el que a los pies iban niños tirados durmiendo, 12 horas pisándolos, gente de pie, gente por todos los lados. 12 horas viajando con una postura incomoda e inamovible que fueron amenizadas por 3 películas seguidas de una especie de Manolo Escobar mejicano “Vicente Fernández”, todo un crack.







Llegamos a San Carlos a las 6:00 de la mañana (que se hace a esas horas después de un día sin dormir?, aun no entiendo el horario del ferry), vimos como llegaban los pescadores y como se realizaba la venta y nos fuimos al hotel a las 8:00 de la mañana a dormir un rato.








De San Carlos nos dirigimos a la frontera con Costa Rica por los Chiles. El trayecto lo hicimos en lancha por el río Frío, un afluente del rió San Juan (un pequeño amazonas centroamericano) y mereció mucho la pena.








Un voluntario después de mandar a la mierda su trabajo y retrasar el billete de avión hasta las navidades, cuando llego la fecha final con lagrimas en los ojos decía “adoro este país”. Eso es Nicaragua. Buena gente, buena conversación, siempre hay algo que hacer, se come bien, suena música, siempre hay una sonrisa, chicas guapas,…se deja querer. En su contra decir que se ve pobreza, alcoholismo y descontento general con la política actual, pese a los ilusionistas revolucionarios que creen en el responder del pueblo.





Un abrazo desde Panama City.

viernes, 4 de enero de 2008

miércoles, 19 de diciembre de 2007

7.- La Prusia, Casas de la Esperanza.

Tomarse una cerveza de más (en Granada) viviendo en La Prusia no es fácil. La Prusia es un barrio pobre, marginal y peligroso mas allá del cementerio de Granada, eso dicen. No todo es cierto. La Prusia en realidad es un camino de tierra bacheado (cuando llueve es impracticable) que parte del cementerio y esta poblada por chavolas a ambos lados, en las que habitan gente buena, pero un tanto especial. Es un camino de aproximadamente 3 Km. En ligera cuesta, donde no abunda el compromiso, no existe la conciencia ni la voluntad y sí la hamaca, para pasar todo el día tumbado en ella si es preciso. Pero todo esto no es malo, es lo que hay y es lo que tienen. En cierto modo están al margen de Granada y olvidados de Nicaragua, como muchos otros sitios. Si después de un día duro de trabajo decides bajar a Granada a contactar con nuestra realidad, un poquito de internet, poder elegir un poco lo que comes, tomar una cerveza, bailar,…. Corres peligro de olvidarte donde vives. El regreso a la casa de voluntarios, la ultima de La Prusia, la más alta, puede resultar realmente duro. No encontraras un taxi que quiera llevarte hasta allí, yo creo que debido al mal estado del camino, pero quizá alguno use esto como excusa por la mala fama del
barrio. Entonces te esperara un largo camino en cuesta (aproximadamente una hora), bacheado, completamente a oscuras, donde tendrás que reservar y dosificar las fuerzas para escapar de las continuas visitas de los perros en la noche. Aquí los perros muerden, no vale eso de "perro ladrador, poco mordedor", hay que esprintar y guardar las fuerzas necesarias para el final de la cuesta, cerca de casa, la meta, donde se encuentran las peores embestidas. Por eso, tomarse una cerveza de mas viviendo en La Prusia no es fácil.



Vivir en La Prusia no es fácil. Te despiertas con el sol (6 de la mañana, yo un poquito mas tarde a las 7) siendo un aprendiz del hormigón. Las herramientas de La Prusia son una pala (comunitaria), una barra de hierro, 4 maderas y donde se acaba la imaginación surge el "con cojones". Para la mayoría de voluntarios que procedemos de oficina, donde no ejercitamos mas que el dedo índice con el ratón, no lleva unos días aclimatarnos al puro trabajo físico, pero a todos nos gusta y nos entusiasma. Por la tarde te conviertes en un experto ingeniero de la suma y la resta. La Prusia es una gran familia, todo el mundo te conoce. Por eso cuando llevas una semana paseando en bici gozas de una popularidad terrible y te haces con la clientela necesaria para ayudarles en lo que buenamente puedas, es decir, básicamente enseñas a sumar y restar. Y por la noche te conviertes en un aprendiz de borrachuzo. Si decides abandonar el piso patera (11personas mas arañas y alacranes de los que muerden) en busca de un poquito de aire, es decir una cervecita o un roncito, te darás cuenta de que no acabas de aprender, pues no solo te espera la larga e interesante subida a La Prusia, sino que al día siguiente te dará los buenos días tu amigo el hormigón. Por todo esto vivir en La Prusia no es fácil.





Conocimos a Ángel, fundador junto con Judit (su mujer) de la ONG "Asociación Casas de la Esperanza". Ángel muestra ser una muy buena persona, de trato fácil, justa, inteligente, con pasión y ganas de hacer cosas y buena voluntad, es decir, los ingredientes básicos de una ONG. Granada esta poblada por muchos voluntarios, hay ONG´s fuertes que poseen mucho dinero y están cargadas de burocracias y jerarquías, demasiado rígidas, que para mi entender resultan un tanto absurdas en un país que cojea por tantos sitios. Ángel es un tipo flexible que cree en el desarrollo integral de La Prusia, lleno de buenas intenciones y que da cabida a cualquier idea que sugieras si repercute en el buen hacer de La Prusia. Dacil, una voluntaria, nos presentó la ONG como “Aquí hay mucha libertad, rozando el descontrol” (sin animo despectivo), y eso es lo bonito. Está lleno de voluntarios con muchas ilusiones y ganas de hacer cosas, que no encuentran barreras ni impedimentos en la buena intención de sus quehaceres. Que buena gente los voluntarios de La Prusia.


Básicamente hay dos proyectos. Uno trata de que en una finca parcelada se construyan su propia vivienda y de este modo abandonen sus chabolas en terrenos públicos (poca seguridad, futuro). Se les conceden unos microcréditos simbólicos, para facilitarles el terreno y el material necesario para la construcción de su propia casa (básica e igual a una modelo). Es aquí donde tenemos gran trabajo los voluntarios, en ayudarles en la construcción, siembre bajo su presencia.
Una vivienda de este tipo se podría construir en aproximadamente un mes, pero no es una cosa continua, pues unas veces la voluntad de una familia dura un día, y como quien dice hay que ir a animales a la hamaca para que continúen trabajando, otras veces les surgen trabajos y abandonan la casa por una larga temporada y otras simplemente no tienen para comprar un saco de cemento (que se han excedido del material otorgado) y así poder continuar con la construcción. Pero todo esto no importa, es entendible, y más o menos el trabajo de la construcción es continuo por la cantidad de viviendas que hay. Otro segundo proyecto es el que da cabida a todo lo que repercute en el desarrollo integral de La Prusia. Hay unas aulas en las que se ayuda a los niños y mayores en lo que se puede, básicamente se enseña leer, dibujar y las tablas de multiplicar a los niños, matemáticas básicas a los chavales y alfabetización a los adultos. Hay una consulta médica un día a la semana, un taller de costura y manualidades, ayuda a enfermos y ancianos, yo creé un taller de ajedrez, cine los sábados por la mañana,….. Luego hay un trabajo a la sombra para ir consolidando el rumbo. Han censado a la población (muchos no poseen cédula), han creado una base de datos registrando cosas básicas de las familias, un mapa de La Prusia,..…. Y también se trabaja por un futuro mejor en La Prusia, está en proyecto una posible carretera, hay una asociación de mujeres con posibilidad de formar en un futuro cooperativa, enseñar oficios (carpintería, albañilería, cerámica),.…. Y todo esto funciona gracias a la iniciativa de la gente que pasa por aquí y la de Ángel, sin existir una gran organización.


Que importantes son los voluntarios para alguna de estas gentes.


La Prusia tiene sus cosillas. Han censado (los voluntarios) a algo más de 500 personas repartidas entre dos o tres grandes familias, con sus correspondientes envidias, tejemanejes y pequeñas rencillas. Viven en chabolas en las que un autentico culebrón de familia las comparten con chanchos (marranos) y gallinas, y a las que no les faltan un buen equipo de música y el televisor (aunque a algunos no les tarde mucho tiempo el banco en pasar a recogerlo por impago). La Prusia es alegre, suena bachata (siempre que haya electricidad), se baila y siempre hay una sonrisa. Para algunos el alcohol es un problema, puede estar una persona trabajando una semana para gastarlo en bebida en un día (o los que le lleven), olvidándose de familia, trabajo y compromisos. No has aterrizado en La Prusia y todo el mundo te conoce, paseando no paras de
oír: “¿Amaneció bien Oscarito?”, “Buenos días Oscarito”, “¿Dónde vas Oscarito?”, “Salúdeme a Anita Oscarito” (aunque no haya pasado ni un minuto de pasar ella), “Salúdeme a su familia Oscarito” (ni que la conocieran ?¿?¿?¿?),….son todo atenciones y respeto lo que recibes continuamente. Existe la picaresca y el camelo pero en general son buena gente y dan mucho cariño.


Quiero poneros en situación de una manera un tanto simpática de cómo es La Prusia, pero siempre pidiendo el máximo respeto por su gente y entendiendo su situación en relación a las anécdotas que voy a contar,…pero así es La Prusia…


Ángel (el fundador de la ONG) es un español que vive en Boston y cada vez que viene a La Prusia lo suele hacer desde allí. Una vez a Oscarito (otro voluntario enorme que había) le preguntó un chaval que de donde era y al contestarle que era de España, el chaval afirmó tajantemente “Ah!, de Boston”.


En La Prusia, quien tiene un bebe se pasa todo el día meciéndolo en la hamaca, sin descansar (en serio). Nuestra primera fosa séptica la hicimos en casa de Mayela, una chiquita que tenía dos gemelitas de dos meses, y siempre las estaba meciendo mientras nosotros estábamos a lo nuestro, a la fosa. Una mañana de los primeros días fui a ver a las gemelas y le pregunté a Mayela que cual eran sus nombres y ella me respondió “No lo sé, espera,... ¡mama!, ¿como se llaman las niñas?”. Es difícil de entender, todo el día dedicado a sus niñas y no sabe sus nombres ¿?¿?¿?.



También decir que cuando estábamos cerrando el techo de nuestra primera fosa séptica, como no podía ser de otro modo, se nos hundió el forjado. No me preguntes como, pero reaccionamos como auténticos profesionales y enseguida teníamos subsanado todo el problema y recuperado todo el material (vale mucho para una familia). No hubiera pasado nada, si no es por que en el rato del desastre se movilizó La Prusia (abandonaron la hamacas) y no quedo nadie sin enterarse de lo ocurrido, muy a nuestro pesar.



Ana, acudía a casa de Ana Rosa a enseñarle a leer y a escribir, como tenía
un bebe no podía acudir a las aulas ya que lo tenía que cuidar (hamacar)

. Se enfrentaban en dos sillas y empezaban las clases. Ana Rosa escribía a la par que mecía al niño en la hamaca con la otra mano. Ana dictaba a la par que se hacía cargo con los pies de que no montara mucha bulla los chanchos y las gallinas. Una escena digna de ver y creo que Ana Rosa tiene los animales más cultos de toda La Prusia.




Aquí un chaval de 18 años aparentemente bueno en la escuela (con buenas notas), tiene la seguridad absoluta de que sabe dividir por que un día el profesor hizo una división en la pizarra y la apuntó en su cuaderno (nunca más supo de ella), ese es el argumento que esgrima. Por más que mis clases de matemáticas (con chavales de 18 años) he insistido en que las matemáticas tienen un método y no se resuelven al azar, ellos no me creen y deben de pensar que estoy confundido. Si les pregunto "¿4-7?", ellos me contestan que “3”, yo les digo que “no”, y entonces me contestan “ah! sí!, 11” impresionado y asustado les digo que “no¿?” entonces me contestan “ah!, si! -3”, y se les escapa una sonrisa entre los labios, mostrándome cierta seguridad, como queriéndome decir que por mucho que me empeñe ellos saben matemáticas.



Jacle, el chico al que le alquilaba la bicicleta, una noche me preguntó que como había venido desde España, yo le contesté que en avión y él me dijo que se tenía que poder venir en coche. Después de una clase improvisada de geografía, de explicarles que a los dos continentes les separa un gran océano y que la única manera de llegar era en barco (que no rentaba) o en avión, él no quedó muy convencido y me dijo “seguro que en coche se puede llegar”.



Un día Richard, un voluntario ingles, dijo que había visto esa mañana a Arnulfo desayunando guaro (una especie de aguardiente que todavía no ha habido voluntario que se atreva a probarlo). Ese día Arnulfo era feliz. Al día siguiente Arnulfo hacía eses y su ropa mostraba que se había revolcado por toda La Prusia. Al tercer día, Adrian (otro voluntario ingles), cuando se disponía a trabajar a las 7 de la mañana se encontró en su fosa séptica a Arnulfo abrazado a la botella de guaro, al despertarlo le pidió un cigarrillo.


Cuesta irse de La Prusia y más cuando no tienes un billete de avión que te lo imponga. Realmente nos sentimos muy bien con la gente y los voluntarios,… que buena gente!!!!!!!!


Casi no nos hemos ido y ya lo echamos de menos.

Feliz Navidad desde Los Chiles, Costa Rica.